Noche sin sueños

Nunca hubo una noche más triste ni más larga que aquélla donde los sueños jamás llegaron por culpa de un error en mis palabras.
Jamás pensé que de un solo golpe pudiese borrar la ilusión de ser feliz; no medí lo que con mis palabras fueron un puñal, una daga, y herí a quien menos deseaba.

Vacía… quedé inmersa en un abismo de soledad, en un terreno baldío al que ya no puedo llamar vida puesto que yo misma la maté, probablemente sin marcha atrás.

El sentimiento de desesperanza es terrible, carcome cada centímetro de mi ser, me impide sonreír; te desgarra las entrañas el hecho de sentir que el sol no salga nuevamente, que la risa no brote de tus labios como siempre, que el brillo en las estrellas de tus ojos se extinga irremediablemente.

Aquí no hay fórmulas mágicas, no puedo deshacer el pasado pero puedo actuar en el presente y mejorar el futuro; puedo tratar de volver a encender la llama que tontamente extinguí y de, alguna manera, recuperar aquello que me hace ser feliz y me impulsa cada día a creer que aún hay algo maravilloso en este planeta desierto que merece la pena vivir.

Puedo inventar mil excusas pero ninguna será suficiente para enmendar mi error, ninguna bastará siquiera en mi misma para sentir que hoy puedo ser yo cuando realmente si pudiese evitar vivir el ayer y ahora el hoy lo haría. No callo lo que fue, una malcriadez, una tontería porque a veces me siento como allí, sin ser vista.

Niña mimada que no piensa en las cosas, niña mimada que se siente atrapada… pero también se siente dispersa, triste, desolada porque la luz de su alegría se ha apagado.

Quiero devolver la sonrisa, sembrar nuevamente la esperanza, mantener encendida la llama y ver el brillo de las estrellas que iluminan el camino por donde debo seguir, aquéllas que me llevan a ser auténtica, a creer en los sueños, las ilusiones, la esperanza; aquéllas que me recuerdan que puedo querer tanto más que mi propia alma.

Horas después de la tormenta, no sé si llegó la calma… mi puerto está desolado, y sólo quiero gritar te amo, no sé si es tarde, no sé si es temprano, un perdón no basta para que sepas cuánto lo siento, cuanto te extraño, cuánto me he hecho y te he hecho daño.

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