Laberintos
No hubo una frase, una expresión, no quedó nada sólo desolación.Traté de ver qué era, por qué el invierno llegó en primavera, pero no pude porque el frío me entumeció, lo dedos, el pensamiento y hasta creo que paró mi corazón.
Caminé por el bosque tratando de recordar el camino de regreso a donde está la felicidad, pero está oscuro y me siento perdida en una inmensidad donde no basta usar mi lógica, seguir un sendero o ver los árboles marcados donde dejé huella para hacer menos difícil el regreso. Me perdí en mi propio camino de regreso, quién diría que esa sensación de desasosiego podía hacerme salir del sendero, de aquél prado donde las margaritas y los girasoles sonríen al sol, y éste a su vez irradia el brillo necesario para recordarme cómo resplandece tu mirada cuando estás cercano y sonríes.
Siento un vacío inmenso, abismal… tiemblo por dentro al tratar de recordar dónde dejé el valor para enfrentarme a las cosas, por qué en vez de hacerlo huyo y me refugio en este inmenso bosque, sola. A qué le temo exactamente? A un despertar sin volver a verte.
Es cierto, nosotros hacemos las cosas más complicadas, más difíciles porque siempre tratamos de evaluar cómo reaccionará la otra persona y subestimamos quiénes realmente son; hasta uno mismo es parte de esa subestimación a la que nos vemos tontamente forzados.
Aquí estoy, aquí me encuentro, nuevamente en un mar de cavilaciones personales, discerniendo la mejor manera de salir de este laberinto en el que poco a poco fui entrando, recuperando fuerzas para seguir a las luciérnagas que se han confabulado con mi duda y me guían hacia algún lugar en que mi nombre se escuche nuevamente y me permita salir de este zona que carcome mis pensamientos, ahoga mi recuerdo, amenaza a mis sentimientos.
Mientras tanto, me gustaría equivocarme una vez más y poder decir que tan sólo fue un sueño del que puedo despertar una vez que diga aquello que no debo callar, deshacerme de un nudo en la garganta que pide a gritos que se desate únicamente para recordarte que, no importa qué tan extraviada esté, mi miedo no supera lo mucho que te quiero mucho menos cuánto te adoro por ser parte de mis enredos, mis laberintos, mis sueños, mis sonrisas.
Comentarios